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Por qué ‘Ragnarok’, el hit noruego de Netflix, es mala y maravillosa a la vez

El mamarrachismo es el principal valor en esta serie que está triunfando a nivel global

(Fuente: IMDB)

El razonamiento del protagonista de Ragnarok no podía ser más curioso: hay una gran empresa que posee casi todo el pueblo al que me he mudado y es la cuarta mayor marca del país, así que voy a ver si con este trabajo de instituto acabo dentro. Lo que en cualquier otra serie sería una idea ingenua y totalmente desfasada con la realidad actual, donde los contenidos juveniles suelen ser conscientes de la dimensión global de los problemas, se convierte en la razón de ser de esta ficción nórdica que nos trae de cabeza desde su estreno en Netflix.

La rutina más gris de una población noruega queda completamente eclipsada por la dominación de los Jutul, una familia riquísima, perversa y egoísta, y los intentos de Magne por apoyar a Isolda, una joven ecologista obsesionada con los efectos del deshielo y el impacto de una de las mayores empresas del país. El bien contra el mal y el descubrimiento de la importancia del héroe.

Los malos son realmente malos

Los caracteres en Ragnarok rozan la caricatura. Las escenas en las que descubres quién es malo y por qué son de esas en las que te ves obligada a rebobinar unos segundos y volverlo a ver. Sí, lo que habías entendido era cierto, eso ha pasado.

La mezcla entre estupefacción e incomprensión hace que se active un botón mental: o en ese momento decides que lo que ves no te está gustando, o te sientes completamente atrapado por lo que, cada vez más, parece una locura. Es difícil decir cuál es la fórmula perfecta, pero en ocasiones contadas una serie hace las cosas suficientemente mal como para que se conviertan en algo bueno.

(Fuente: Netflix)

La trama está para ser quemada

Nadie viene a una serie así a aprender profundas lecciones. Cuando ves algo como Ragnarok puedes esperar giros que lo cambien todo o grandes gestos. En una producción como esta, nunca estás seguro de que alguien sea imprescindible o de que una relación siga los cánones establecidos. La trama se quema con rapidez y todo puede modificarse en un mismo episodio, a veces mediante personajes que hasta el momento habían permanecido en tercer plano. Lo que en otro caso tacharíamos de trampa, aquí es celebrado entre vítores.

Dos hermanos pueden llevar milenios teniendo relaciones carnales, tener parejas humanas y ser inmortales. Y de golpe descubrirse que si le soplas en la uña meñique del pie todo su poder se esfume. Todo está permitido. Las reglas de juego pueden cambiar en cualquier momento, porque tampoco hemos venido a pedirle pureza.

Su factura debe tener personalidad propia

Esto no es algo que ocurra siempre. En Ragnarok se ha optado por una estética extremadamente sobria que da a toda la serie imagen de mundana. El tipo de arcos que se narran son, de entrada, mundanos, y sus personajes igual. Aparentemente no se trata de una serie fantástica, o por lo menos no con presupuesto para poder tener grandes escenas. Pero ahí reside una de sus virtudes; entre escenas corrientes se mezclan efectos especiales con poco presupuesto y mucha estridencia.

Eso es precisamente lo que atrapa. Como esas imágenes de Pequeñas mentirosas en donde una chica podía no tener dinero, pero conducía un coche a la moda y jamás repetía modelito. Allí se utilizaba la purpurina y una falsa imagen de éxito y brillantina. Aquí, por contra, se opta por el extremo opuesto: austeridad contrastada con malos efectos especiales y falsas peleas.

Pero si todo es malo, ¿por qué atrapa?

Precisamente porque despierta una fascinación en lo monstruoso. Es de esas series que disfrutas como pocas. “Placeres culpables”, le llaman algunos. De lunes a sábado solo ves las tertulias de La clave, pero el domingo te lo reservas para saltar de programa en programa de corazón. Algo parecido, pero trasladado a la ficción. Lo reconoces como malo, sabes decir por qué lo es y qué criticarías en otra serie.

Sin embargo, en este caso todo eso se junta en una melodía perfecta que hace que no despegues los ojos de la pantalla, que celebres cada frase afectada y cada efecto especial mal producido.

‘Ragnarok está disponible en Netflix.

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